viernes, 30 de mayo de 2008

El carácter del vidrio y la piedra


La torre de doce pisos, con locales y 50 departamentos, se destaca por su fachada doble, que controla a la luz solar y enmarca las visuales


Miguel Angel Roca podría ser uno de los tantos argentinos exitosos que construyen en países desarrollados, porque en los Estados Unidos completó sus estudios y trabajó para Louis Kahn, pero además por los premios y las innumerables conferencias internacionales que dicta en universidades extranjeras. Pero con su última obra, el edificio Gernika, hecho básicamente con piedra y vidrio, en su Córdoba natal, reafirma su condición de arquitecto argentino: "No me faltan oportunidades para construir en el exterior, pero fui formado, enseño y construyo aquí". -Desde hace muchos años usted tiene su cátedra en las facultades de Arquitectura de Córdoba y Buenos Aires, ¿qué opina al respecto? -Me permite transmitir valores de respeto, tolerancia y el reconocimiento de los trabajos de otros arquitectos. -¿Cómo ve la arquitectura contemporánea? -Creo que es diversa, multiforme y variada en cuanto a los aspectos lógicos, formales y tecnológicos. No hay que moralizar falsamente. En mi caso, no estoy en busca de formalizaciones ni de ser extravagante. Me interesa primero atender las necesidades reales y sociales, y después lo artístico. Igualmente, sus obras no pasan inadvertidas desde lo formal. El uso de la piedra es una de las características de sus últimos trabajos, como su casa de Calamuchita (2006), la segunda etapa de la Facultad de Derecho (2001) y la Facultad de Odontología de la Universidad Nacional de Córdoba, por ejemplo. Y reincide en este edificio de viviendas en el barrio Nueva Córdoba, frente a la plaza España (1969), una de sus primeras obras. Desde el ingreso Sur de la ciudad por la Plaza de las Américas (en el cruce de Ambrosio Olmos y Obispo Trejo), la pieza de 12 pisos y 4000 m2 se observa como una nave vítrea y pétrea, exacta y texturada, geométrica y natural: "No había algo así en esta ciudad. Me gusta el contrapunto entre la dureza pétrea y la inmaterialidad del vidriado del muro cortina", destaca Roca. Condicionada por la forma triangular del terreno, la torre sobresale entre los edificios linderos, que no superan los siete pisos. Viviendas típicas El programa es simple y tradicional: se accede por un hall (revestido también de piedra) al núcleo central, y desde allí, a los 50 departamentos organizados en dos plantas tipo: cinco unidades de un ambiente en los pisos inferiores, y de uno y dos dormitorios en los superiores. Hay locales comerciales en planta baja y subsuelo (patio inglés) con ventilación y amplias visuales hacia el centro de la ciudad, a un lado, y al parque de la Universidad, al otro. En la terraza jardín están los lugares comunes: asador, pileta y deck. El muro cortina está conformado por una doble piel que protege del asoleamiento y enmarca las amplias vistas desde dormitorios y estares al parque de la Ciudad Universitaria: carpintería de aluminio con ventanas y puertas ventana corredizas; paneles de DVH (aislante acústico-térmico); parasoles de vidrio templado y laminado, y balcones con piso de vidrio translúcido (con estructura de perfiles normales U de hierro). La cara oeste, muy expuesta, se cierra con un muro mixto de ladrillo común revestido de piedra rugosa y gris de las Sierras Chicas. Fernando G. Caniza

jueves, 29 de mayo de 2008

URBANISMO Lanzan una campaña que busca evitar tapar las rampas para discapacitados


El Ministerio de Justicia y Seguridad de la Ciudad de Buenos Aires y la ONG Acceso YA realizarán una acción conjunta en la vía pública destinada a denunciar y multar el estacionamiento sobre rampas para discapacitados.Cuando un vehículo sea detectado obstruyendo una rampa, voluntarios de Acceso YA colocarán en su parabrisas un sticker con el lema "Yo tapé una rampa", al tiempo que inspectores del Gobierno porteño labrarán la correspondiente infracción, que prevé una pena de multa de $200 a $1000.El lanzamiento de la campaña se producirá en Belgrano, y continuará durante todo el año en diferentes barrios de la Ciudad.Finalmente, la Dirección General de Seguridad Vial invita a todos los vecinos que quieran denunciar este tipo de infracción a tomar una fotografía en la que se vea la obstrucción de la rampa y la chapa patente del vehículo implicado y enviarla por correo electrónico a dsvial@buenosaires.gov.ar, indicando la esquina en la que se detectó la falta y el nombre y domicilio del denunciante.

Para todos aquellos que quieren saber algo o algo mas de albañilería

http://www.portalplanetasedna.com.ar/albanileria.htm

miércoles, 28 de mayo de 2008

Zaha Hadid


Ser mujer y llegar alto en la arquitectura parecía algo imposible hasta que esta iraquí, de 58 años, nacida en Bagdad, ganó el Premio Pritzker en 2004. Era famosa sin haber levantado ningún edificio, pero a fuerza de ganar premios, medallas y reconocimientos en todo el mundo cimentó una carrera que hoy habla a través de sus obras.


MADRID.- Rotunda, diva, exigente y con fama de difícil. Así es la arquitecta iraquí más famosa y reconocida del mundo. Ha logrado con sus edificios demoledores el respeto de todos. Antes de que Zaha Hadid, Bagdad, 1950, llegara a la cima de la arquitectura, sólo se habían acercado profesionales a la sombra de sus maridos: Aino Aalto, casada con el finlandés Alvar Aalto; Lilly Reich, eclipsada por su amante Mies van der Rohe, o más recientemente, Denise Scott Brown, coautora con Robert Venturi de Aprendiendo de Las Vegas y a la que ni siquiera su marido reivindicó cuando, en 1991, le concedieron el Pritzker sólo a él. Ser mujer y llegar tan alto en la arquitectura parecía imposible. Hadid es tan consciente de su hazaña como del precio que le ha tocado pagar. Ya era la arquitecta más famosa del mundo cuando no había levantado ningún edificio. Sus elegantes dibujos le reportaron esa fama. Pero nadie, salvo su hermano y el dueño de un restaurante en Sapporo, Japón, creía que aquello se podía construir. El empresario alemán Rolf Fehlbaum dio el primer paso. Le encargó una estación de bomberos. A partir de ahí, Hadid despegó rauda como un cohete. En apenas un lustro, esta mujer se ha hecho con los premios más importantes del mundo: el Mies van der Rohe; el Pritzker, es la única mujer con este galardón; la medalla Thomas Jefferson; la del RIBA, y con doctorados honorarios de las universidades de Yale y Columbia. Ha construido el Centro de Arte Rosenthal, en Cincinnati; la sede de BMW, en Leipzig; una estación de tranvía en Estrasburgo; una plataforma para salto de esquí, en Innsbruck, y un pabellón para las Bodegas López de Heredia, en La Rioja. Y hoy tiene proyectos por todo el mundo: en Abu Dhabi, Copenhague, Dubai, Corea, Marsella, Roma, Gales, Nápoles o Guangzhou, China. También en España, donde construye un pabellón-puente para la Expo 2008 de Zaragoza, ha ideado el urbanismo de Zorrozaurre en Bilbao, un complejo de edificios en Durango, una torre en Barcelona, una Biblioteca en Sevilla, y ha sido elegida para diseñar el Juzgado de lo Civil en el Campus de la Justicia de Madrid. No tiene fama de fácil. Y no lo es. Puede, por ejemplo, cambiar siete veces la hora de la entrevista. Aplazarla, cancelarla y volverla a convocar. Pero cuando se pone a hablar es capaz de olvidarse del slot de salida previsto para su avión privado y forzar que retrasen su vuelo sin abrir la boca para pedirlo. Sólo actuando. Y dejando que la interpreten. Su vida es eso: videoconferencias en habitaciones de hoteles e infinitas horas de vuelo. Después de las sucesivas convocatorias y desconvocatorias, aparece sonriente y muy maquillada en el hotel Puerta América, de Madrid, donde ha diseñado una habitación. -¿Cuánto hace que no pisa Irak? -¡Buff! Unos 27 años. Mis hermanos hace casi cincuenta que no viven allí. Y, poco a poco, me voy quedando sin familia cercana en Irak. La última vez que fui, en los años ochenta, era un lugar muy complicado, muy distinto del país del que salí siendo adolescente. Ahora estará peor. -Recuerda el Bagdad de su infancia como una sociedad avanzada. ¿Dónde ha ido a parar aquel progreso? -No lo sé. El Irak en el que crecí era un lugar liberal, particularmente progresista para las mujeres. Mis compañeras de escuela son médicas o farmacéuticas. Tienen una vida profesional. -¿Y eso tiene que ver con la sociedad en la que crecieron o con las decisiones de sus familias? -Yo soy la única chica, la pequeña tras dos hermanos. Y mi madre, que no trabajaba, y mi padre quisieron que estudiara. La familia te empuja a ser algo, evidentemente, pero hasta la revolución de 1958 la sociedad iraquí lo hacía posible. Había hasta un Ministerio de la Mujer. -¿Qué quería su padre que fuera? - Mis padres no me empujaron hacia ninguna vocación en concreto. Pero sí esperaban que hiciera algo importante. Mi padre había estudiado en Londres. Por eso lo natural fue que mis hermanos estudiaran en Cambridge. En Irak, yo fui a un colegio de monjas. Tan importante era la educación que mis padres, que eran musulmanes, aunque no practicaban, me llevaron a un colegio católico porque era el mejor de la ciudad. La madre superiora era extraordinaria. Creía en la educación y en la excelencia. Presionaba a las estudiantes, pero de una manera positiva. Yo también soy así: creo que la exigencia empieza por uno mismo. -¿Es consciente de que tiene fama de exigente? -Es que soy exigente. Pero creo que mi currículum demuestra quién ha sido la primera en exigirse. A mi estudio llega gente de todo tipo. Sobre todo ahora que somos 250. Pero se quedan los que creen en lo que llevo años defendiendo: que las cosas pueden hacerse de otra manera, que la arquitectura puede cambiar la vida de las personas y que merece la pena intentarlo. -Quiso ser arquitecta a los 11 años porque vio cómo su tía se hacía su casa. -La arquitecta era amiga de mi familia y me enseñaba las maquetas. Era fascinante ver cómo una pieza alteraba la casa. Y era la época en la que Irak se industrializaba y todo se transformaba con la construcción. La mezcla de diseño y cambio me interesó. Mis padres me respaldaron. Lo que me gustaba hacer era dibujar. -Salió de Bagdad con 16 años, y tras un año en Suiza y otro en Beirut aterrizó en Londres. ¿Cómo era el Londres que encontró en los años sesenta? –No muy distinto al de hoy. Hubo una recesión en Inglaterra. Y vivíamos el boom del petróleo. Los sesenta fueron la década de Inglaterra. Revolucionaron la moda, cortaron las faldas y el pelo de las chicas. –¿Se puso una minifalda? –Nada más llegar. Lo que era potentísimo era el jet set en Londres. Se respiraba lujo y glamour. Fue el principio de los clubes nocturnos, de las boîtes exclusivas, el origen de la música disco. Yo entré en ese mundo como árabe con dinero. Viví unos años de locura. Podíamos ir a París sólo para cenar allí. –De fiesta en fiesta, ¿dónde aparcaba sus preocupaciones sociales? –La arquitectura es una de las artes más complejas. Por eso es poderosa. Un arquitecto debe entender a los pobres, pero también a los ricos, que son quienes tienen y ponen el dinero. La vida en los clubes es una universidad tan importante como pasear por las calles de los barrios marginales. Es bueno saber de todo. Y para un arquitecto, más. –Y en medio de tanta juerga, ¿de dónde sacaba talante para ponerse a estudiar? ¿No la tentó dedicarse a algo más relacionado con la vida nocturna que tanto le fascinaba? –Pues no. En aquellos días yo me hacía mi propia ropa, pero eso fue todo. Hay magníficos modistas, ¿por qué iba yo a ser una más? Yo no soy una diseñadora de moda. Elegí la arquitectura, y lo que hago cuando diseño mesas lo hago como parte de mi profesión. –Pero ha diseñado incluso bolsos para Louis Vuitton. –Porque lo entiendo como una extensión de las investigaciones que hago como arquitecta. Me dan un objeto y lo repienso. Le mantengo la identidad. Pero en el proceso pierde lo que le impide cambiar. –¿Qué ha tenido que pagar más caro? El hecho de ser mujer, inmigrante, querer ser pionera, ser rica… –Todo eso. La combinación entre una mujer inmigrante, árabe, autosuficiente y que hacía cosas raras no me facilitó nada las cosas. Pero estar tan marcada me ha favorecido. Me dejaban ser y hacer lo que quisiera. Pero a la vez me bloqueaban la entrada a ciertos encargos y terrenos profesionales. Empecé a trabajar en uno de los momentos más críticos del siglo XX, cuando la arquitectura estaba sumida en la recuperación de valores históricos muy conservadores. Aquello pasó. Y cuando se necesitó cambiar, las cosas fueron más fáciles para alguien como yo, que siempre había apostado por el cambio. A pesar de todo, seguimos teniendo mucha resistencia. –¿Hoy? ¿Ahora que construye por medio mundo? –Todavía tropezamos. –¿Por qué? ¿Con qué? –No ayuda nada ser árabe, francamente. Y ahora, aún menos. –¿No está usted por encima de las nacionalidades? –En absoluto. No es que me digan directamente no te queremos porque eres árabe. Pero sólo una cerrazón racista explica lo inexplicable cuando después de ganar concursos acaban construyéndolos otros. –¿Es usted religiosa? –Soy musulmana por nacimiento. Pero no practico. Pero no es un asunto religioso. Tiene que ver con el momento que atraviesa el mundo. Puede sonar a paranoia. Pero reconocerá que sorprende que con todo lo que salimos en la prensa británica, casi a diario, deberíamos construir en Inglaterra sin parar. –En Londres ahora se construirá la sede de la Architectural Foundation, y también el Centro Acuático para los Juegos Olímpicos de 2012. –Sí, pero si va a Londres verá que cada semana queda un hueco en la ciudad. Están tirando los edificios de los años sesenta, algunos muy interesantes, por cierto. Como resultado, vuelve a haber espacio para hacer nuevos edificios. –¿Y a quién llaman para que los levante? –Yo puedo ser la arquitecta más famosa del mundo. Nosotros no estamos haciendo ni uno. –¿Por qué? –No entienden lo que hacemos. Les parezco excéntrica. No están interesados en cambiar, así es que imagínese en innovar. En Inglaterra lo que manda es lo que se vende: el coste por metro cuadrado. Las sorpresas no gustan. Algunos clientes no consiguen ni hablarme. Se quedan petrificados. No se atreven ni a mirarme. –¿Les da miedo? –Parece que sí. Pero eso no me ocurre en Italia ni en China ni en España. Hay una resistencia británica. –¿Por qué sigue viviendo allí? –Pues por el idioma. Por mis amigos. Por inercia. Por ser de algún sitio. Además no creo que sea una cuestión personal. Otras culturas toman en serio los proyectos públicos, que son los que me interesan. En Gales, por ejemplo, es más fácil trabajar. –En Gales le retiraron el en cargode la Opera de Cardiff tras ganar el concurso. –Ese fue el trago más duro de mi carrera. Porque creí que con aquel proyecto podría por fin despegar. Pero aprendí. Hubo gente que se comportó con profesionalidad; otros, como Ri chard Rogers, que levantó la voz en mi defensa, con amistad y con ética. Mucha gente creyó que aquello era tan injusto que se volvería a mi favor y, como víctima, me arroparían con encargos. Pero nada de eso pasó. Mi vida sigue siendo una batalla, y hoy Cardiff está olvidado. Nadie recuerda qué ni por qué ocurrió. Alergia al cambio En los años difíciles, en los que ganaba concursos que no lograba construir, Hadid se hizo grande en la arquitectura temporal. Ideó escenografías para los Pet Shop Boys o montajes de exposiciones como el de la Cúpula del Milenio, en la que los londinenses recibieron 2001. Su sello le ha dado glamour a la arquitectura británica. Por eso le duele que el reconocimiento llegara desde afuera. El Guggenheim de Nueva York le montó el año pasado una de las contadas retrospectivas que dedica a la arquitectura. Dejan Sudjic, director del Museo del Diseño de Londres, le organizó una muestra posterior el pasado verano “con ánimo de hacer justicia”, según declaró. –Siempre quiso romper los límites de la arquitectura. ¿Cree que hoy los está rompiendo más gente que nunca? –Sin duda. Como persona y como arquitecta me ha interesado saber por qué las cosas son como son. –¿Por qué hay sólo un tipo de dormitorio? –He cuestionado siempre las tipologías. Eso afecta a lo que se puede hacer en los edificios y, finalmente, a su forma. No se trata de cambiar por cambiar. Pero hay mucha gente con alergia al cambio. –¿Sus edificios hablan de libertad? –Eso pretendo. –¿No pueden también coaccionarla? ¿No son más exigentes con el usuario? –Lo son. Pero las relaciones que más aportan son las que más exigen. No me gusta imponer, sino liberar. Mire, a la gente le gustan los paisajes más extremos. Suben montañas, caminan en desiertos, bucean y encuentran maravillas. Se esfuerzan y vuelan con el espíritu elevado. Y eso es lo que yo busco hacer con la arquitectura, que engrandezca, que aporte experiencias a los usuarios. Trato de capturar una experiencia única en un espacio público porque no todo el mundo puede pagarse una estancia en los hoteles más caros del mundo. Me interesa ofrecer esa vivencia en salas de concierto, en bibliotecas, en museos. –¿Qué le hizo pensar en los menos afortunados desde la posición privilegiada en la que creció? –Mi padre era el líder del partido democrático en Irak y luego se convirtió en el jefe del partido progresista. No es sólo cuestión de llenarse la boca buscando la libertad. Si de verdad buscas la libertad, no la buscas sólo para ti. La distribución de la riqueza era para mi padre algo fundamental. No se trata de arruinar a los ricos. Pero en la sociedad en la que vivimos, con el boyante nivel financiero que existe, nadie debería pasar necesidades. –En los 15 años en que no logró construir, su determinación de llegar a hacerlo fue lo que la mantuvo en pie. ¿La vida es más fácil con objetivos que cuando éstos se cumplen? –Un poco sí. Lo que te mantiene en los momentos peores y en los mejores, que emborrachan y tienen siempre fecha de caducidad, es la confianza en ti misma. Y eso es un regalo que te hace tu familia, cuando creces. La flexibilidad, la perseverancia y la paciencia ayudan, por supuesto. Y el apoyo afectivo. En la vida no puedes hacer nada grande si estás solo. –¿Es más fácil ser osado sobre un papel que en tres dimensiones? –Sí. Pero las dos etapas son importantes. La investigación de la que derivan los proyectos es tan difícil como excitante. Es una vergüenza que muchos de mis proyectos no se hayan construido por ignorancia. Porque alguien dudó de que se pudieran construir. A mí me costó mucho empezar porque nadie creía que lo que yo dibujaba se pudiera realizar. –¿Y qué resolvió esa situación? –Personalmente, mis primeros clientes. Y globalmente, el Guggenheim. El edificio de Gehry dio a entender que las cosas podían ser de otra manera. –¿Le gusta? –Sí. Es valiente. Y fue oportuno. Gehry hizo un gran trabajo y la prensa hizo el resto. No recuerdo ningún edificio tan mediático. –Asegura que la construcción de una marca forma parte de la nueva identidad de las ciudades. ¿Hay también una marca Hadid? –Soy mi marca, y seguro que ser distinta aumenta mi caché. Hoy lo original está dentro de los planes de los políticos, y la arquitectura singular, también. Hace quince años sucedía todo lo contrario. Y yo vestía igual. –Pero ha apostado fuerte por construir un misterio. –Soy consciente del interés de la prensa, y el hecho de ser la única arquitecta con el Pritzker hace que me reconozcan en algunos sitios. ¿El misterio? Siempre es mejor que la certeza. Cada uno puede imaginarse lo que quiera y la verdad no gusta a todos. Mi marca hoy es la de una pionera. Y la cultivo. De lo que represento me gusta el modelo que puedo ser para las mujeres arquitectas. Creo que gracias a mí mucha que han pensado que era posible llegar alto. Eso no lo he conseguido yo sola. Es la sociedad la que se ha abierto a lo diverso. Y no estoy sola entre los pioneros. También los ha habido en el mundo de la política. Mitterrand fue uno. Y ahora, fíjese, Sarkozy, a los dos días de ser elegido presidente, nos invitó a un grupo de arquitectos a cenar. Algo ha cambiado. –En España, ¿también cena con políticos? –No. Pero España está apostando también por la arquitectura. Barcelona ha sido el modelo de cómo una ciudad se puede reinventar. Y eso se ha extendido a China y ahora al Cercano Oriente. –¿Qué ha tenido que sacrificar para llegar adonde está? –Mi vida personal. No es que pensara en casarme y tener una familia. No es exactamente eso. Pero elegí una vida que no admite compaginarla con ningún otro deseo. No tengo tiempo para nada más que para lo que hago. Es fantástico el mundo abierto en el que vivimos. Podemos trabajar en cualquier sitio. Pero vivimos también en una gran trampa. En la era de las estrellas, la gente quiere verte. Si no apareces, se enfadan y te vas metiendo en una espiral de aviones que va consumiendo tu vida. –¿Cuándo siente que tiene una vida propia? –Cuando consigo levantar un edificio. Y cuando me voy de vacaciones y nadie me molesta. A veces lo consigo en Estambul, en Tánger o en Marbella. –Cuando le dieron el Pritzker en 2004 la describieron como una arquitecta sin miedo. ¿No teme a nada? –Mucha gente creyó que me desesperaría. Lo que para mí es normal, para los demás es complicado y extraño. Soy lanzada y miedosa a la vez. Trabajando con otros me he dado cuenta de que la mayoría de la gente quiere una vida cómoda. No quiere molestar a nadie ni molestarse ellos mismos. Pero si no corres riesgos, si no estás dispuesta a comerte el miedo, no consigues nada. Ocurre que hay mucha gente que espera que otros abran el camino. Eso no me parece aceptable. Por eso yo decido qué caminos quiero abrir. Y trabajo tratando de abrirlos. –Hace 15 años no podía imaginar dónde ha llegado. ¿Dónde espera estar dentro de 15 más ? –Alguien como yo no está nunca satisfecho. Me gustaría aplicar mis ideas a una escala mayor, al urbanismo. Sería fantástico convertir un proyecto teórico en una realidad palpable. Para desarrollar una idea hacen falta 10 años. Para poder aplicarla… depende. Ahora parece que las cosas suceden a mayor velocidad. Pero no hay que fiarse. Para cuando nos hayamos acostumbrado a la libertad y a la rapidez llegará una época dura que no nos frenará. Y deberemos abrir de nuevo un camino. Otro camino. Los que todavía tengamos ganas de hacerlo. Por Anatxu Zabalbeascoa El País

martes, 27 de mayo de 2008

Walter Gropius


(Berlín, 1883 - Boston, 1969)



Arquitecto alemán, fundador y director de la Bauhaus de 1919 a 1928, figura clave en la renovación arquitectónica del siglo XX. Tenía veintitrés años cuando se le confió el primer encargo de arquitectura: la construcción de un grupo de casas rurales. A los veintiocho, daba a la arquitectura contemporánea una de sus obras fundamentales: el establecimiento Fagus.
El joven Walter Gropius, procedente de la burguesía inteligente, había estudiado en Berlín y en Munich. Trabajó en la primera de estas ciudades, de 1907 a 1910, con Peter Behrens, el primer arquitecto contratado por una gran empresa industrial como responsable artístico: es ésta una circunstancia que hay que considerar determinante para la orientación ideológica de Gropius, el cual ha planteado siempre el problema de la edificación en nuestro tiempo en relación con el sistema industrial, con la producción en serie. Llegará incluso hasta el extremo de considerar el edificio como un producto directo de la industria y fundará en 1943, junto con Konrad Waschsmann, una empresa de edificaciones prefabricadas.
Las oficinas Fagus, de arquitectura revolucionaria, le dieron en 1911 una fama que confirmó en Bolonia, en 1914, al construir para la exposición del Werkbund un palacio para oficinas de atrevida concepción estructural, estética y técnica. La guerra interrumpió su actividad de constructor, reclamado al frente. Pero durante aquellos años fue madurando en su ánimo la conciencia de que tenía un deber humano muy elevado que cumplir: la arquitectura había de desempeñar un papel en el problema social que la posguerra plantearía con toda gravedad; y este problema social había de fundirse con el estético.
Al servicio de esta idea, se aparta de los movimientos expresionistas y se dedica a la enseñanza. En 1919, perfeccionando una precedente iniciativa de Henri van de Velde, funda Gropius en Weimar la escuela llamada Bauhaus, a la que está especialmente vinculada su celebridad. En ella aprendieron los mejores artistas alemanes, rusos, eslavos y holandeses los principios artísticos, teóricos y técnicos; la escuela se convirtió en un centro de vida y trabajo común.
En el Bauhaus ideó Gropius su proyecto de "teatro total"; y allí escribió sus obras más importantes, Internationale Architektur y Bauhausbauten in Dessau. La escuela, que se había trasladado de Weimar a Dessau, ocupaba el más bello edificio construido por Gropius; pero el acento revolucionario de su obra era tan patente y tan opuesto al nacionalismo de Hitler, que éste ordenó su clausura en 1933.
Gropius, que ya en 1928 había tenido que marchar a los Estados Unidos, pero que había vuelto a ejercer su profesión en Berlín, tuvo que salir de nuevo, después de la clausura de Bauhaus, y esta vez definitivamente. Permaneció de 1934 a 1937 en Inglaterra, donde construyó numerosos edificios; de allí marchó a los Estados Unidos, donde desempeñó la cátedra de Arquitectura en la Universidad de Harward.
En 1954 le fue conferido en San Pablo el primer "Gran Premio de Arquitectura", y en 1956, en Londres, la Medalla de Oro de la Arquitectura. Pero estos honores oficiales no bastaron para borrar del rostro de este perfecto europeo, carente de vanidad, la huella de melancolía producida por su exilio. Su vida fue una constante, generosa entrega de sí mismo.
Las últimas muestras de su obra arquitectónica fueron la construcción del complejo universitario de Bagdad (1960); la embajada de Estados Unidos en Atenas (1961); el edificio de la Pan Am, Grand Central City Building, en Nueva York (1963) y el edificio John Kennedy en Boston (1964), entre otros. Cabe citar también alguna de sus publicaciones: Rebuilding our Communities (1946); Architecture and Design in the Age of Science (1952) y Scope of Total Architecture (1955).

Restaurante Mestizo · Smiljan Radic

lunes, 26 de mayo de 2008

PROYECTO NACIONAL JORGE VAHEDZIAN Condominios para vivir en casa y sin ser visto


Tres proyectos en la Zona Norte del Gran Buenos Aires proponen una separación tajante entre las áreas privadas y las comunes. También, una búsqueda de mayor identidad visual y arquitectónica.
ELENA PERALTA.
eperalta@clarin.com

Identidad y respeto al espacio privado. Tres proyectos en el Norte del Gran Buenos Aires apuestan a resolver dos aspectos de los condominios criticados por el arquitecto Jorge Vahedzian (JV & Asociados). Terrazas del Sol, en San Fernando; Milberg Village, en Tigre;, y Beccar Plaza, en San Isidro, intentan trazar una línea que muchas veces parece desdibujada en una de las tipologías más vendedoras del mercado: la frontera entre las áreas comunes con su multiplicidad de amenities, y las privadas, el interior de las viviendas invadido por la oferta de servicios."Uno de los eslogans de venta de los condominos es que las unidades parecen casas, haciendo una analogía entre la oferta de espacios verdes y la forma de vida similar a la de las viviendas individuales, pero uno de los aspectos claves a resolver es la privacidad, condición indispensable para la vida residencial", advierte Vahedzian.Según el arquitecto, el mercado exige una oferta cada vez más grande de amenities. Y lo que debería ser una ventaja termina atentando, en la vida cotidiana, contra la esfera privada. "No estoy en contra de los servicios y las áreas —dice—, pero los proyectos tienen que encontrar una resolución de diseño que evite la sensación de estar viviendo en un club o en un complejo de vacaciones, donde no hay demasiados problemas si la ventana del departamento da a la pileta o a las mesas del bar".El valor de los jardines. Vahedzian asegura que uno de los aspectos que complican la diferenciación entre lo público y lo privado es el uso del suelo. "En la búsqueda de generar más espacios de uso común, destinan el suelo disponible para que sea usado por todos, y así desaparece el jardín sin uso determinado".En Milberg Village, un condominio que empezará a construirse en junio en Rincón de Milberg, partido de Tigre, Vahedzian propuso todo lo contrario. El complejo está organizado en torno a un gran cuadrado verde de 80 metros por 80 que no tiene otra función que el de parque de descanso pasivo.Los diez edificios están dispuestos alrededor de ese gran claustro abierto, con la escala de una plaza urbana. "Conforman una geometría regular alrededor de la plaza paisajística, sin usos activos, pero que separa los edificios dándole privacidad a las unidades", explica el arquitecto.Las circulaciones públicas determinan claramente los límites del cuadrado verde. Dentro del parque las circulaciones son sólo peatonales. En el centro, el proyecto prevé la instalación de un espejo de agua. Los usos compartidos (pileta, gimnasio, guardería y cafetería) están resueltos en un apéndice del terreno, alejados de los departamentos.El proyecto ataca también otro punto criticado de los condominios: la falta de identidad. "Quisimos lograr referentes particulares, accidentes y variedad de resoluciones, de tal manera que no fuera necesario ponerle número a los edificios para identificarlos", agrega Vahedzian.Así las construcciones, de planta baja y tres pisos, se proyectaron a través de cuatro tipologías diferentes. Además, se modificó la resolución de los balcones y los materiales de las fachadas para lograr que la diferenciación las construcciones fuera aún mayor.Nuevo barrio. En el caso de Beccar Plaza, actualmente en construcción, los proyectistas se encontraron con un terreno de cuatro hectáreas, donde funcionaba una fábrica de papel. El predio obstruía el tejido residencial característico de Beccar, casi una oportunidad de diferenciar la nueva urbanización. "Definimos la conformación de dos manzanas completas y de dos completamientos de manzana, abriendo algunas calles en forma discontínua, proponiendo un paisaje urbano atípico, a favor del tránsito lento, con cortaditas y curvas", explica Vahedzian.El proyecto, que tiene fecha de final de obra para marzo de 2009, se vuelca sobre una calle nueva, Riobamba, perpendicular al río y a la avenida Centenario. Riobamba, de 300 metros de largo, es la protagonista del proyecto. La calle corta al medio el conjunto. A sus costados, los edificios se retiran separados de la calle por veredas parquizadas de ocho metros de ancho, que funcionan como plazas lineales y permiten visuales hacia el interior de las manzanas. El conjunto comparte dos tipologías: edificios de departamentos y casas apareadas. Riobamba es la separación entre estas dos clases de vivienda, y como además es la vía de ingreso vehicular desde el exterior del condominio, genera la sensación de un barrio nuevo en contraste al tejido tradicional de Beccar.