martes, 21 de octubre de 2008

Imprenta Grafishow (Buenos Aires) - Arq. Daniel Ventura




El proyecto arquitectónicoImplantada en un lote de 8,66m de ancho por 23,00m de profundidad, en la ciudad de Buenos Aires, la obra, una imprenta de 220 m2 cubiertos, consolida el borde del tejido urbano con un cerramiento metálico de planta baja y un piso.La economía de recursos, tanto estructurales como técnico-constructivos, permitieron trabajar fundamentalmente sobre un lenguaje de austeridad expresiva.Cerrada y ciega, a manera de zócalo, la planta baja contiene la puerta de acceso y el portón para carga y descarga de materiales gráficos.Al cielo se abre la planta alta y deja paso a la entrada de luz natural controlada por parasoles metálicos que trabajan como desmaterialización de la masa y arman un contrapunto entre el lleno y el vacío.Por un lado, desde afuera, la transparencia de la hermética pared de cristal da cuenta de los diferentes grados de profundidad de la planta; por otro, desde adentro, el árbol resguarda la entrada del sol y se interpone, verde y perenne, entre los parasoles y el cielo.Como el proyecto está basado en el trabajo de la estructura como estructura arquitectónica, el espacio está expresado por el desnudo lenguaje de su estructura y de los elementos que la componen, bañados en luz, que no sólo dejan ver su huella sino que cumplen con distintos grados de determinaciones expresivo-funcionales.El acceso en doble altura está trabajado a manera de lucernario cuya luz rebota en un tabique estructural de hormigón armado inundando el espacio de luz natural y provocándole al material una transformación en relación con el tiempo.La profunda planta de producción está iluminada por cuatro lucernarios que permiten una luz homogénea en toda su superficie, desde allí y a través de un trabajo de planos acristalados se percibe continuo el espacio hasta verse como figura de fondo la intensa luz del vacío de acceso.La demandaEl encargo vino de la mano de un matrimonio de jóvenes empresarios cuyo requerimiento consistía en un edificio que permitiera albergar un programa tanto administrativo como de producción gráfica. Ésta, de aproximadamente el setenta por ciento de la superficie total cubierta y cada una con sus respectivos servicios.Además era imprescindible para los propietarios una gran privacidad, poco contacto con el espacio público y un importante grado de seguridad.La parte administrativa contaría con un espacio de atención al público y una oficina gerencial, y el sector productivo estaría dividido en dos: una oficina destinada a la producción técnica y un taller de producción gráfica.También era muy importante abastecerlo de un lugar de carga y descarga de materiales gráficos, como resmas de papel, formularios continuos, etc.La obraComenzó a construirse en el mes de octubre de 2001 y transcurrió su proceso constructivo debiendo soportar los abatares de la realidad económica argentina. Su costo fue oscilando los quinientos dólares estadounidenses el metro cuadrado. Siendo el factor económico un input muy importante, en ese momento, para el comitente.La materialización del proyecto da cuenta en efecto de la economía, en términos específicamente arquitectónicos. Los materiales utilizados expresan su voluntad, tanto estética como técnicamente.La fachada está resuelta en su totalidad con una estructura de perfiles metálicos así como el cerramiento inferior, de paneles fijos y móviles, revestidos en chapa lisa, y la parte superior con parasoles fijos de caño rectangular que controlan la entrada de la luz a través de cuatro grandes paños de cristales transparentes.Tanto la cubierta como la estructura interior de vigas y columnas, es de hormigón armado; salvo un tabique que divide a la parte administrativa del sector de carga y descarga de materiales gráficos, que es de bloques de hormigón.El cielorraso es de placas de yeso suspendido e incorpora todas las instalaciones en su interior, así como los artefactos embutidos de iluminación.La pureza de la caja blanca, pone de manifiesto los elementos constitutivos del espacio que ésta alberga, como los tabiques de hormigón armado, la escalera metálica con plegados de madera maciza y la pared de bloques de hormigón.Toda la obra se realizó con materiales y mano de obra tradicionales haciéndose fundamental hincapié en que la misma construcción fuera la que potencie la poética arquitectónica y que resuelva además su permanencia en el tiempo.

viernes, 17 de octubre de 2008

Perspectivas

Un arquitecto en la cima
El arquitecto portugués Alvaro Siza, este gracioso señor que en la foto luce trepado a una escalera, acaba de recibir el Premio RIBA Royal Gold Medal 2009, que otorga la reina Isabel de Inglaterra por sus 40 años de ejercicio comprometido con la profesión, por ser alguien capaz de poner el oficio por encima del éxito personal, y por su inmensa contribución a la arquitectura a través del debate y la docencia. En las obras de Siza, que en 1988 ganó el Premio de Arquitectura Contemporánea Mies van der Rohe y en 1992 el Pritzker, se advierte la economía de recursos expresivos y la intrínseca relación de los elementos arquitectónicos. El arte de hacer mucho con poco
De afuera no parece nada del otro mundo, pero la simplicidad de las formas guarda muchos detalles, razón por la que los arquitectos Emiliano López (argentino) y su socia Mónica Rivera acaban de ganar el 50º Premio FAD de Arquitectura, uno de los más importantes de los concedidos en España. La pareja también ha quedado finalista por su hotel Aire en las Bárdenas (Navarra), un delicioso edificio de madera en medio de la nada. Los detalles son el elemento característico de las 27 viviendas de 40 metros cuadrados diseñadas para jóvenes en el distrito de Sant Andreu, de Barcelona.A esta obra modesta y barata, el jurado la consideró un ejemplo de cómo "es posible ser corriente y heroico a la vez. No queríamos gestos grandilocuentes, y puede ser que el clima general de crisis influya. Pero buscábamos buena arquitectura funcional y útil con independencia del tamaño o el presupuesto. Este edificio nos interesó desde el inicio", dijo Eduard Bru, presidente de un jurado que ha otorgado una mención al Museo del Faro de Santa Marta en Cascais, de los hermanos Aires Mateus. Un arquitecto en la cima
Después de que muchos transeúntes terminaran en la guardia de los hospitales con sendos chichones y moretones tras haber resbalado y tropezado mientras caminaban por el flamante puente que Calatrava diseñó para Venecia, otra pasarela del arquitecto español tuvo su momento de gloria días atrás. Se trata del Puente de los Acordes, en la entrada de la ciudad de Jerusalén, que fue iluminado con luces de color rosado durante la primera noche del Mes de Concientización sobre el Cáncer de Mama. El puente tiene un mástil de 130 metros y 60 cuerdas que evocan el instrumento musical que usaba el mítico rey David. La obra se parece bastante al Puente de la Mujer, en Puerto Madero, Buenos Aires.

jueves, 28 de agosto de 2008

El minimalismo


Mies van der Rohe, el padre del minimalismo en arquitectura, resumía esta filosofía de diseño con dos sentencias: "Menos es más" y "Dios está en los detalles", que en cierto modo implican la siguiente táctica: Diseñar lo que no se ve para mostrar lo que no se construye. O sea, crear elementos básicos, y relaciones simples entre esos elementos. Ocultar las soluciones técnicas para que lo material no protagonice la obra, pues ese protagonismo está reservado a los significados: dentro y fuera, opaco o transparente, claros y oscuros, singular o plural, suave, áspero, frio, caliente, estático, dinámico, y todo aquello que la arquitectura puede expresar pero que no se puede construir.

miércoles, 23 de julio de 2008

Plazas y paseos urbanos, una lección de pluralismo




Un jurado compuesto por urbanistas otorgó el Premio Espacio Público Europeo a la Barking Town Square, de Londres, que expresa la pluralidad y la inclusión.

Qué cambia la vida de los ciudadanos? ¿Una vivienda digna o un barrio bien comunicado?
¿Una fachada de vanguardia o armarios para sus trastos? ¿Un lugar en el que se pueda descansar a la sombra o una plaza en la que es posible convivir con los vecinos?
El Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, CCCB, fue pionero a la hora de relacionar plazas urbanas e integración social con el Premio Espacio Público Europeo, que concede desde 2003. En este lustro, ha visto cómo otras instituciones europeas (La Cité de l?Architecture de París, el Architekturzentrum de Viena, The Architectural Foundation de Londres, el Nederlands Architectuurinstituut o el Museum of Finnish Architecture) se sumaban a su empeño. Porque parece un premio lógico, oportuno, una inversión realista para el futuro.
Aquello que los urbanistas llaman el lugar para la cohesión social (la integración entre ciudadanos de diversas creencias, procedencias y situaciones económicas) es el espacio público. Y el espacio público son las calles, las aceras, las plazas, y hasta según qué parques, nada que por la noche quede vallado y cerrado. Este año, el jurado, presidido por Manuel de Solà-Morales, aprovechó la entrega de premios para criticar la falta de riesgo de las administraciones con estos lugares. ?Cada vez más la idea de espacio público se tiende a reducir peligrosamente a un perímetro cerrado.?
Y eso no es espacio público. Tradicionalmente, las plazas, los paseos, debían estar preparados para ciudadanos con necesidades diversas: ancianos que precisan una barandilla para una escalera y jóvenes que se sientan en los peldaños; niños que pueden caerse por un terraplén y adolescentes que utilizan ese terraplén de rampa para darle impulso a su monopatín.
Ahora, además de la variedad social de edades y usos, en las plazas de las ciudades conviven ciudadanos de diversas culturas y costumbres.
La Barking Town Square, de Londres, ideada por el estudio MUF Architecture/Art, no encierra ni camufla esa diferencia de usos. Por eso, ha ganado el premio este año. Este quinto galardón expresa la diferencia: ?La pluralidad e incluso el conflicto como rasgos básicos de la ciudad?, apunta el jurado. Por eso es una solución innovadora para las periferias europeas. En la Barking Town Square convive el recreo de unos con el descanso de otros, las reuniones en las gradas con la comida de los trabajadores. Hay espacio para refugiarse del sol y la lluvia y zonas en las que sentarse solo. Por encima de la visión de un conjunto, prima la diferencia. Una plaza hoy es más una suma de diferencias que un espacio unitario.

miércoles, 16 de julio de 2008

Defender el patrimonio

Basta de Demoler

Cómo opera el activo grupo de vecinos que salvó al Hospital Rivadavia de su destrucción.

Cuando la empresa concesionaria de las líneas de subterráneos empezó la ampliación de los recorridos, Santiago Pusso -profesor de música y director de coros- notó que mientras avanzaban las obras desaparecían las mayólicas y los murales de las estaciones más antiguas. A título personal se contactó con la Fundación Ciudad para averiguar cómo evitarlo. No recibió más que consejos y recomendaciones, de manera que en solitario decidió juntar documentación y mandar cartas a las autoridades de turno. Insistió, hasta que un día lo recibió el entonces Secretario de Producción y Servición, Nicolás Gallo, que en una semana consiguió que el Poder Ejecutivo de la ciudad declarara Monumento Histórico a la mayoría de las estaciones.
Más que la gesta romántica de un porteño sensible, aquella iniciativa le sirvió a Pusso para comprobar que las cosas cambian cuando los vecinos ejercen sus derechos, y que muchas veces la inercia de los funcionarios se debe a que desconocen las normas vigentes y los mecanismos para instrumentarlas. De esas dos certezas nació en 2007 Basta de Demoler. Al principio eran cuatro gatos locos enfrentados a las topadoras, pero en menos de un año la organización creció. Hoy tramita su personería jurídica, tiene blog y 20 miembros activos de distintas edades, profesiones y barrios que, junto a más de 150 voluntarios, trabajan activamente para evitar la demolición indiscriminada y promover la refuncionalización de los edificios con valor patrimonial. "El desarrollador que compra estos edificios hace su negocio más allá de lo que piense el vecino. Nosotros no cuestionamos al desarrollador, sino a la normativa que da lugar a este conflicto de intereses -sostiene Pusso, fundador y coordinador de Basta de Demoler-. El que vive en una casa baja y al lado le levantan doce pisos ve afectado su estilo de vida, ese es un problema que hoy existe por la poca claridad del Código de Planeamiento y por la falta de una catalogación seria. Los emprendimientos son legales, pero en ese contexto no son justos."
Además de presentar recursos de amparo, reciben denuncias de vecinos y recorren la ciudad relevando edificios en vías de extinción. Según sus cálculos existen al menos 2000 sin ninguna protección legal, y creen que desde hace unos años desaparecen por mes dos petits hôtels y casas de estilo. "Los argentinos tenemos una de las Constituciones más avanzadas del mundo, y en particular la ciudad cuenta con una muy moderna que deja bien claro el derecho del ciudadano -sostiene Hugo Cortínez, abogado y miembro de Basta de Demoler-. El artículo 26 y 27 garantiza, textualmente, la preservación y restauración del patrimonio natural, urbanístico y arquitectónico de la ciudad. Ese es uno de los principios básicos que argumentamos cuando nos presentamos ante la Justicia", agrega.
Aunque llegaron tarde en muchos casos, en otros lograron impedir la desaparición de espacios significativos, como un petit hotel de la calle Montevideo, el teatro Del Picadero y recientemente el hospital Rivadavia. "Las acciones apuntan a la concientización y el perfeccionamiento de las normativas. No estamos en contra de las torres, sino que queremos que el patrimonio sea una variable más de la construcción, como en otras ciudades del mundo donde los grandes desarrollos inmobiliarios no se llevan por delante la historia", explica Juan Vacas, estudiante de Arquitectura y miembro de la organización. Los beneficios de la ley
¿Una utopía en tiempos de boom inmobiliario? ¿Y los derechos del que vende porque no puede mantener una casa que se viene abajo? ¿Qué responsabilidad le cabe a quien compró y tiene un proyecto aprobado por el Poder Ejecutivo?
El caso del teatro el Picadero es un ejemplo de cómo es posible llegar a un acuerdo sin perjudicar los intereses de las partes. El teatro, en el pasaje Santos Discépolo -por donde pasó el primer tranvía de la ciudad-, fue adquirido por una empresa constructora cuyo plan era levantar un edificio sobre el terreno del teatro, que además está protegido por la ley 14.800, que dice que donde hubo un teatro se debe levantar otro. "Lo que pocos saben es que en la sección 10 del Código de Planeamiento, donde habla de las catalogaciones y los valores patrimoniales, están contemplados una serie de incentivos proteccionistas -dice María del Carmen Arias Usandivaras, abogada-. Una casa catalogada accede a descuentos en las tasas municipales, créditos blandos para refaccionar y tiene un sistema de compensaciones de metros cuadrados por el cual si pensabas construir ahí 8 pisos y ya no podés hacerlo, el Gobierno te da la misma cantidad de metros para construir en cualquier lugar de la ciudad, y hasta podés vender esos metros compensados."
El GCBA había autorizado la construcción de un edifico de altura en el lugar, pero admitió su error tras el recurso de amparo presentado por Basta de Demoler. "Años atrás el mismo gobierno había mandado a pintar un mural en el pasaje en homenaje al primer tranvía y al Picadero, porque ahí tuvo lugar Teatro Abierto, primera manifestación cultural alternativa durante la dictadura militar. Una contradicción que muestra el desconocimiento de algunos funcionarios. Nos sentamos a conversar con el desarrollador, que finalmente aceptó modificar su proyecto. La empresa obtuvo la compensación de metros cuadrados, además decidió hacerse cargo de la administración del teatro. Las autoridades salieron bien paradas y los vecinos recuperaron un espacio significativo para ellos. Es un caso emblemático de cómo se puede llegar a un acuerdo usando los mecanismos legales que existen."
A pulmón, sin subsidios y financiados con el propio bolsillo, el grupo se moviliza ante cualquier aviso de obra colgado en una fachada antigua. Y después de mucho insistir fueron convocados por la Subsecretaría de Patrimonio porteño para colaborar en la próxima catalogación de los edificios con valor patrimonial de la ciudad, una herramienta clave, pues en el contexto actual todo tiene valor hasta que se demuestre lo contrario.
"Es necesario definir qué es patrimonio, qué edificios hay que proteger y qué espacios tienen significación para los vecinos. Por eso es urgente la catalogación -sostiene Marcelo Magadán, arquitecto, master en Restauración de Monumentos, especialista en Gestión de Conservación del Patrimonio Cultural y miembro de Basta de Demoler-. Hay distintas variables para definir la importancia del bien cultural. Hay cosas que tienen valor histórico, otras arquitectónico, artístico, y también valor simbólico, que atañe al significado que tiene para un vecino, determinado edificio o espacio. En lo simbólico se juegan subjetividades, como el caso de Floresta, donde existe un bar que quizá no tiene valor arquitectónico, pero que para los vecinos forma parte de su memoria y su vida cotidiana. Mientras no nos pongamos de acuerdo se siguen perdiendo cosas, y convengamos que ahí no hay vuelta atrás; lo que se pierde, no se vuelve a construir.

La casa de los elefantes [Norman Foster].




Con el objetivo de preservar la especie de mamíferos más grandes del reino animal, proporcionarles un entorno de vivienda más natural y relajado, y restablecer la relación visual entre el zoológico y el parque, Norman Foster y Partners han diseñado la Casa de los Elefantes [Elephants House], ubicada dentro del zoológico de Copenhague, en el Parque Real, a un costado del Palacio de Fredriksberg. (Mie Jun 25 2008)

Arquitectura y Tecnología

En la antigüedad la Arquitectura se resolvía de acuerdo a las características geográficas y los materiales que encontraban sus constructores.
En lugares donde abundaba la piedra, se desarrollaron sistemas constructivos a base de muros y columnas. Por el contrario, en los lugares donde se carecía de aquel material, los constructores emplearon la tierra para fabricar adobes de barro y paja y tabiques de barro cocidos al fuego, con los que crearon estructuras sostenidas por arcos y bóvedas.
Con el paso del tiempo, los antiguos sistemas constructivos se fueron transformando según los avances tecnológicos de cada periodo de la historia. En la edad media, por ejemplo, las bóvedas de cañón de origen romano se transformaron en bóvedas esféricas apoyadas sobre pechinas, lo que permitió a los arquitectos abrir los espacios y jugar con la iluminación al interior de los edificios.
Así, los sistemas constructivos descubiertos, los materiales disponibles en cada región y, sobre todo, los avances tecnológicos de cada época han influido en las soluciones ofrecidas en cada tendencia o estilo arquitectónico.
En el periodo contemporáneo podemos ver edificios de formas complejas que, todavía hace un par de décadas, eran prácticamente irrealizables, pero que ahora son posibles debido al uso de los ligerísimos materiales de alta resistencia. Ejemplo de ello son el
Museo Judío de San Francisco diseñado por Daniel Libeskind, el Centro Comercial Selfridges de la ciudad de Birmingham y el proyecto de Tour Port la Chapelle ubicado en la ciudad de París. En estos proyectos es evidente que los nuevos materiales, además de que han influido en la parte estética de la Arquitectura, han cambiado la forma de proyectar de algunos arquitectos y permitido construir estructuras que, en un pasado reciente, pudieron haber sido objeto de alguna novela de ciencia ficción: las ciudades anfibias como Lilypad, diseñada por el arquitecto francés Vincent Callebaut, y las impresionantes Torres dinámicas de Burj Dubai, son un ejemplo.
La variedad de soluciones técnicas es ahora infinita, por lo que seguramente en unos cuantos años más los arquitectos estarán creando extraordinarias obras con materiales novedosos, cuyas apariencias y propiedades sin duda cambiarán totalmente la concepción de la Arquitectura
Luis Alberto González Cabrera