
Hoy, su uso se ha generalizado de tal modo que resulta casi imposible no encontrar a diario el término aplicado arbitrariamente a infinidad de productos o procesos, y que lo han ido vaciando de contenido.
Un enfoque sustentable de la arquitectura se apoya en dos aspectos: el uso eficiente y racional de los recursos tanto energéticos como materiales y la minimización del impacto ambiental de la implantación, producción y el uso de los edificios.
Las acciones que responden a estos conceptos son, entre otras, la adecuación a las condiciones del sitio, lo que implica innumerables y variados aspectos tanto morfológicos como materiales.
Cuestiones como la compacidad y las orientaciones, las protecciones y el aprovechamiento de las condiciones climáticas, la iluminación, el asoleamiento, las ventilaciones, el uso del agua de lluvia; el adecuado aislamiento térmico, la utilización de fuentes renovables de energía, la reducción de emisiones de CO2 y otros contaminantes; el tratamiento de residuos y efluentes, entre otros. Postulados que coinciden en gran medida con los del bioclimatismo de los años 80.
Me atrevo a decir que hoy, sin perjuicio de otros atributos que definen a una buena arquitectura, ésta debería estar ligada indisolublemente a un diseño ambientalmente consciente.
Pablo Azqueta (es arquitecto y profesor adjunto de la UNR. Master en Restauración Arquitectónica. Universidad Politécnica de Madrid. www.aape.com.ar)
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